jueves, 22 de diciembre de 2016

Treinta y tres

Treinta y tres de mano, para ganarle a la vida por afano, demostrarle que no me estaba apabullando, que la dejaba ser y le daba la ventaja del novato, jugando a menos con la tranquilidad de que igual lo iba a ganar. ahogo el jolgorio del triunfo y la juego callado, agazapado en la ansiedad gloriosa del triunfo, esperando ese envido provocador para saltarle con los tapones de punta y sentenciar el partido.
Me mira dubitativa, se rasca la cabeza intentando predestinar mi próximo movimiento y me muestra sus cartas mientras susurra un insonoro "chinchón", como quien no quiere la cosa, creyendo apaciguar la desazón de la derrota eterna, la vergüenza del festejo antes de tiempo. Me regala un "feliz cumpleaños, quizás el próximo año", golpea mi espalda y se aleja de mi.

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